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domingo, septiembre 28, 2008

Facundo Cabral vagabundo: "Mi hembra es la libertad"


El cantautor nacido en ciudad de La Plata, pero que pasó la mayor parte de su vida caminando el mundo, volvió a Tres Arroyos luego de muchos años y recordó su infancia en nuestra zona, donde trabajaba como alambrador, y también las casitas de madera sobre la arena de Claromecó donde leyó sus primeros libros. De caminar lento, anteojos oscuros y apoyado en su bastón, se tomó un tiempo para conversar con LA VOZ DEL PUEBLO y disparó contra la sociedad actual y su descenso cultural. Afirma que la bailanta es volver a la selva. Sostiene que el individuo está por sobre la sociedad y afirma que esta crisis puede ser el escalón del cambio para una época mejor. Su casa es el mundo, el lugar donde esté, defiende a capa y espada la libertad de ser absoluto dueño de su vida y afirma que "si estás sometido a una mujer, a una familia mediocre, a un partido político, o un club de fútbol, estás jodido. Siempre serás un esclavo y un pobre tipo".
La vida de Facundo cambió a los 17 años, cuando descubrió a Jesús en El Sermón de la Montaña y desde allí -dice- todo fue diferente. Un autodidacta que hace de la palabra su mejor recurso para mantener viva la sana costumbre de pensar.
- Facundo, ¿de vuelta por Tres Arroyos?
-Yo tengo muchos recuerdos de este lugar. Por acá anduve cantando en 1960 o 61, luego volví algunas veces más. Este trabajo es como una lotería, algunas veces he cantado para 10 personas y otras en un estadio muy grande -Costa Sud-, en la época de Alfonsín. Yo conozco esta zona de pibe, por estos lugares alambré campos, cargue camiones, desde muy pibe, desde los diez años.

- ¿Qué recuerdos guarda de entonces?
- Yo me volvía loco por llegar a la ciudad, y hoy no sé cómo hacer para irme. Era mejor gente, no estaban todos los medios de comunicación que en general ayudan a envenenar. Hoy ves pura tontería en la televisión y en la radio. Hablan los que no tienen derecho a la palabra. Aquella era una linda época, había códigos. Yo estoy muy desilusionado con la sociedad, aunque a mí me ha ido bien, he recorrido el mundo. Por suerte sigo creyendo en el individuo, éste que puede construir un teatro y hacer otras cosas. Pero el individuo, no la sociedad. Eso era muy diferente, en aquellos tiempos ser decente era un capital, hoy es ser un imbécil.
- El "No soy de aquí, ni soy de allá", ¿finalmente se hizo realidad en Facundo Cabral?
- Yo me pasé casi toda mi vida fuera del país, recién ahora vuelvo de vez en cuando, debe ser también por la edad. He recorrido 165 países en 48 años de carrera. "No soy de aquí, ni soy de allá", primero fue un sueño. Cuando escribí esa canción hace cuarenta años, conocía de Perú para bajo, o sea seis o siete países. Luego he cantado desde en una Nochebuena en Belén, hasta en Hiroshima y en Nagasaki donde cayeron las bombas atómicas. En la última tregua de Vietnam, para los más pobres, para los peores, viví con toda la especie humana. De cualquier manera el lugar que elige Dios para que nazcas es por algo. Por ejemplo no me duele tanto el mundo que está desquiciado, pero eso más te jode en tu casa. Por eso cuando vengo llego con mucho fervor y me voy bastante desilusionado, por el enorme descenso cultural que ha habido.
- En esto de tanto andar caminos, ¿cuál es su hogar?
- El lugar donde te encuentres, donde te lleve Dios. Hoy estoy acá -en Tres Arroyos- y es el mejor lugar del mundo, mañana será Bahía Blanca, donde estés... estás con vos. Ahora si estás sometido a una mujer, a una familia mediocre, a un partido político, o un club de fútbol, estás jodido. Siempre serás un esclavo y un pobre tipo. Cuando uno es dueño de su vida, donde está... es su lugar. No hay propiedad, porque el único dueño de todo es Dios, incluso de estos pensamientos, porque yo pienso con neuronas que no hice y siento con un corazón que no es obra mía.
- ¿Qué se siente a esta altura de la vida... cansancio, desilusión o esperanza?
- Hay dos cosas, intelectualmente siento cansancio. Físicamente estoy agotado, voy para los 72 años y la salud mía es más que endeble. Pero espiritualmente no estoy cansado, si me olvido del intelecto y me distraigo de mi esqueleto, siempre soy un niño curioso para el universo. El espíritu no tiene edad, andá a saber de dónde viene el que está ahora dentro de uno y a dónde va a ir. Intelectualmente siento cansancio, porque si hago un balance, un resumen social veo que ganaron los peores, en toda disciplina. Si lográs esquivar esa mayoría en general indolente, podés vivir con algunos individuos. Yo tuve la suerte de ser amigo de Borges y el decía que "lo que importa es la amistad de unos pocos". Vivís con algunos autores, amigos con los que podés compartir fervores, pero después el resto de mi día es difícil, muy difícil encontrar con quién compartir. Por ejemplo aparece la gente que viene a escucharte, que tiene fervores similares".

- Entonces... ¿queda esperanza?
- Lo que te ilusiona es la crisis. Para los griegos crisis significaba cambio, entonces es posible que esta gran crisis, sea el escalón para un gran cambio, porque de esta manera la sociedad no sobrevive mucho tiempo. No digo sueños, porque a esta edad soñar... Ya está, lo que tenía que darse ya se dio. En la jerga del fútbol esto es tiempo de descuento y no sabés cuánto van a agregar. Es decir lo mío ya está terminado, te seguís moviendo con la inercia de tantos años de caminar, pero ¿qué novedad puede haber a esta edad? Tampoco importa, pero sí que sea bueno. Hay milongas, zambas, vidalitas o cifras de Yupanqui que tienen 60 años y me siguen impactando más que lo último de la bailanta, que no me interesa en absoluto, es una regresión peligrosísima, es volver a la selva.
- Usted recorrió muchos caminos y en ese andar pudo conocer gente muy valiosa, por ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta...
- Fui muy amigo, trabajé mucho con ella. Creo que el mejor acto de caridad es hacer de uno un ser humano pleno. Pero Teresa te contagiaba ese fervor del servicio para con cualquiera, no preguntaba. Fue una gran experiencia, creo que no lo volvería a hacer sin ella. Fue la primera cristiana, como dicen los mejicanos "de a de veras", que conocí. Los demás... van al templo el domingo, no son cristianos, la misma Iglesia no tiene nada que ver con Jesús. Ella era una mujer extraordinaria, pero también conocí a otros grandes como Indira Gandhi, Golda Meyer que fue mi primera amiga en Israel por los años 70. Por aquí a Jorge Luis Borges, en Méjico a Octavio Paz. Yo salí a conocer gente y no a que el mundo me conozca y tuve bastante suerte.
- ¿Esta forma de pensar se fue construyendo con el tiempo o hay algún hecho en su vida que produjo el quiebre?
- Eso lo sabe Dios, El escribió el libro, uno a lo sumo hace un pequeño guión. Lo que me marcó al principio fue el hambre, lo mío primero fue físico ya que pase una miseria espantosa en mi niñez, también la soledad, el desprecio de la gente. Recuerdo que andaba por los pueblos y cambiaban de vereda, a lugares que luego con los años ibas a cantar y te aplaudían o te daban la llave de la ciudad. Segundo, me salvé de la escuela, esto siempre lo digo con orgullo. Me enseñó a leer un jesuita, que son los cristianos más abiertos intelectualmente. La escuela empareja para abajo, baja a los que tienen una cabeza mejor y te da una educación general, la educación debe ser personalizada, yo tuve esa suerte. También los libros, los kilómetros caminados en el mundo. Pero sí hubo una inflexión grande en mi vida por los 17 años, cuando por un vagabundo conocí el primer programa de vida que tuve "El Sermón de la Montaña". Allí fue cuando apareció Jesús en mi vida -yo no soy de ninguna secta, hablo de El como individuo, como Maestro- cambió todo. Yo no soy lo que se dice un religioso, lo mío es muy ecuménico, he aprendido mucho los musulmanes, los hinduistas, de los gnósticos, de los ateos, el maestro está en cualquier lado.
- ¿La libertad sigue siendo el mejor capital del hombre?
- Y... si no... no es hombre. Yo nunca pude ser de un solo equipo, ni de una sola mujer, el mundo es diverso y por eso es tan excitante. La diferencia que tenemos con los animales no es solamente que podemos elegir y pensar, sino el hecho de decidir ser independiente. Hay especies de animales que no pueden sobrevivir de a uno, trabajan en comunidad, pero en el hombre la libertad es todo. Yo cuando he tenido que elegir entre la libertad y el aparente amor, ya que la pareja no es todo en el amor, es solo una parte muy chiquita, siempre elegí la libertad. Yo estoy desposado con la libertad, es mi hembra, porque te posibilita decidir a cada paso. Tampoco podría haber arte sin libertad.


FUENTE: LA VOZ DEL PUEBLO

viernes, septiembre 26, 2008

Facundo, un concierto de Antología

Camina con paso vacilante, aferrado a un bastón. En medio de una penumbra que aún no es ceguera, toma su guitarra para sacarle suaves acordes e iluminar a quien quiera oír la clarividencia de un poeta, el mensaje de un hombre que vivió y vive una vida intensa y peregrina hasta el final. Sin ser de aquí, ni ser de allá, Facundo Cabral ha llevado por aquí y por allá un mensaje de paz con sus canciones y su fluir espontáneo de pensamientos y sentimientos que hablan de Dios, de los sueños y del amor.
Alguien dijo de él una vez: “nos invitaron a un concierto y era un milagro”. El milagro se reeditó ayer con su aparición en el escenario del Teatro Municipal, ese escenario donde un día eligió vivir “porque era un lugar más digno para vivir que la calle”, según proclama.
Sus ansias de consumir distancias lo llevaron a vagar en sus 48 años de carrera por 165 países sin detenerse en ningún lugar, ejerciendo su derecho y su deber de ser feliz.
Cuenta entre sus anécdotas que su infancia y primera adolescencia nunca existió. Se sintió nacer a los 17 años cuando escribió su primera canción de cuna. Fue después que un vagabundo le presentara a Jesús y el Sermón de la Montaña que se convirtió en su programa de vida. Su segunda llegada al mundo fue el día que entró a un hotel en Mar del Plata, con un bolso y una guitarra, a pedir trabajo de lo que fuere y pensaron que era músico. El destino se había complotado en convertirlo en mensajero de la paz. Se había enfermado un músico la noche anterior y le pidieron que subiera al escenario con su pretensión de artista. “Si yo hubiese dicho que no era artista nunca hubiera subido a un escenario. Subí por curiosidad pensando que a lo mejor era fácil, que el escenario era un lugar más digno para vivir que la calle y tuve la suerte que les dije la verdad. Recordaba la frase extraordinaria del profeta “la verdad nos hará libre” y mi madre casi parafraseando al poeta decía ´cuando no sepas que decir, decí no se que decir sino vas a tener que seguir mintiendo toda tu vida´. Y le dije a la gente “no se que hago aquí pero tal vez ustedes no sepan que están haciendo en este mundo”. Recitando nació su oficio de poeta que se alió un día a la guitarra en las que anida milongas, triunfos y el llorar de las vidalitas. La define como una amorosa cárcel donde quiere permanecer.
Con su música a cuestas salió a conocer el mundo, sin pretensión que el mundo lo conociera. Fue en ese peregrinar que entabló una entrañable amistad con la Madre Teresa de Calcuta, con el eximio Borges, con Octavio Paz y con García Márquez a quien atribuye risueño haberle “plagiado” Cien Años de Soledad, “aprovechando que a mi no se me había ocurrido”.
En la soledad del escenario, con su guitarra y su copa de vino, se muestra como el ejemplo de un hombre que llega a donde quiere llegar. Que sueña que puede y pudo. Que transmite con singular sabiduría ese mensaje a la humanidad. “Lo maravilloso que puede ser tu vida si te dejases llevar por tu sueño”, pregona al público, “tienes que seguir el sueño, cuida tus sueños, trabaja por tus sueños y se cumplirá tu destino. Cuando tenés un sueño, el universo conspira para que se cumpla porque al universo le conviene tu felicidad”, dice con una convicción que tienta a creer que todo es posible.
En su desmenuzar de anécdotas y caminos del mundo, uno comprender cuando lo escucha que este argentino dejó su patria allá lejos y hace tiempo, desdibujando fronteras hasta disolverlas, para convertirse en patrimonio de la humanidad. De esa humanidad que proclama como una gran familia. “Jesús dijo que uno solo es el Padre. Si uno solo es el Padre, es fácil deducir que la humanidad es una sola familia, por lo tanto habitamos un solo país llamado tierra. Y en esa tierra, fuera de la felicidad son todos pretextos, la felicidad no es un derecho, es un deber, porque si no sos feliz estás amargando por lo menos a todo el barrio”, manifiesta en su filosofía.
En las afueras de Teherán comenta al público, en un basurero espantoso encontró a un anciano durmiendo entre la basura. Y se atrevió a preguntarle “¿cuál es el lugar que más te gusta?”. “Este”, respondió el anciano sin dudar. “Porque aquí me trajo Dios, y ¿quién puede haber elegido un lugar mejor para mí?”. Todos los días recuerda a ese anciano y por eso supo que esa noche su mejor lugar en el mundo era estar en el escenario del Teatro Municipal compartiendo con los tresarroyenses su vida, aquí y ahora. Y mañana será otro su lugar que vivirá como una nueva e intensa experiencia. Y pasado su lugar será más allá, viviendo el día a día, como aquella canción que alguna vez dictó a una enfermera mientras lo cuidaba, para cantar juntos tomados de la mano cada mañana: “Este es un nuevo día, para empezar de nuevo…”
Así siguió Facundo, este trovador del mundo compartiendo sus incontables vivencias con el público, trazando pinceladas de sus clarividencias de poeta, ampliando el horizonte de la mirada por aquí y por allá. Fueron dos horas de sabios consejos y anécdotas risueñas, como si se tratara de una noche bohemia entre amigos. “Me gusta decir, debo decir, tengo derecho a decir ´yo vengo de todo el mundo”, proclamó hacia el final. Y en esa soledad del escenario, y en esas caricias del alma, bajo el acorde de su guitarra, fiel compañera de caminos, terminó brindando al público su última e inexpugnable declaración: “No soy de aquí, ni soy de allá…”

Por Celeste Vassolo

• En reconocimiento a su constante llamado a la paz y al amor, en 1996, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) lo declaró “Mensajero Mundial de la Paz”.

• Este año, destacando la trayectoria de “un hombre que se transformó a si mismo”, fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires”.

• El año próximo, por su mensaje de amor, paz y unidad entre los pueblos, estará en la terna de candidatos para el Premio Nobel de la Paz.



viernes, septiembre 12, 2008

El diario de Adán y Eva, una historia sobre la humanidad







La sala del Teatro Municipal estaba en penumbras. Sobre el escenario una luz potente iluminaba la escena, ocupada simplemente por sillones y mesas circulares, donde un hombre y una mujer conversan, ríen y cantan. La historia del primer hombre y la primera mujer es la excusa para que los protagonistas conquisten al público a fuerza de gracia, guiños cómplices y canciones simpáticas. Pero por sobre todo, la presencia escénica de China y Perciavalle confirman sin lugar a dudas por qué se consagraron como grandes intérpretes que saben conmover y hacer reír con talento.
Hace más de dos décadas, debutaron en forma casual estrenando “El Diario Privado de Adán y Eva”, para inaugurar una sala teatral. Como entonces, los protagonistas, sin Adán ni Eva de por medio, inician su presentación narrando los entretelones de la obra, matizados con simpáticas anécdotas que conquistan desde el comienzo el corazón del público.
En uno de sus viajes a Nueva York, China se cautivó con la obra basada en el primer acto de la comedia musical “The Apple Tree”, conocido como "Diary of Adam and Eve", con libro de Jerome Coopersmith, Jerry Bock y Sheldon Harnick. e inspirado en historias de Mark Twain, Frank R. Stockton y Jules Feiffer. Y quiso ponerla en escena en Buenos Aires. Le agregó textos y canciones que escribió junto a Federico García Vigil y comenzó a buscar un Adán y Eva ideal. Imaginaba una actriz flaquita, joven y pensaba que el papel de Adán debía hacerlo un grandote y musculoso estilo Schwarzenegger, como se encarga de explicar. En esa búsqueda estaba cuando los llamaron del Teatro Espacios para inaugurar una sala con artistas importantes, como Alfredo Alcón y María Rosa Gallo. Casi sin ensayo decidieron salir a escena leyendo el libreto, sin imaginar que el público quedaría envuelto desde el inicio bajo el eclipse de dos grandes. Pronto se vieron haciendo cuatro funciones por día.
Casi tres décadas después siguen unidos para recrear la historia del primer hombre y la primera mujer, que trasluce en cada paso la reflexión con humor de la historia de la humanidad de hoy. La obra comienza en el paraíso, donde Adán, único en su especie junto a los animales, plantas, frutos y flores, disfruta su soledad y su silencio hasta que un día se cruza Eva en su camino.
China es una Eva atrevida que no para de hablar. Carlos, un Adán que quiere vivir solo en el paraíso sin hacer nada. Ella lo busca, él la rechaza. Ella le pone nombre a todo y vive a fuerza de curiosidad. El es un solitario sin motivación. Así estos dos seres únicos y desconocidos se van descubriendo y descubren al mundo. Se encuentran y desencuentran abordando el amor y el desamor, la soledad, el pecado, las tentaciones y aquellas cuestiones eternas que hacen a la esencia del mundo de hoy, de ayer y de siempre. La pieza se recorre en todas las facetas de la risa con ironía y calidez, pintando la humanidad con enorme hondura a través de diálogos y canciones ejecutados de tal forma que entretienen y permiten la reflexión. Son dos polos opuestos: el hombre y la mujer que se diferencian y complementan. La serpiente y la manzana invitan al pecado original y disparan una nueva vida para acentuar las semejanzas y desmitificar al pecado original que se convierte en esa necesidad de ser para y con el otro. Y cuando el paraíso se pierde para siempre vuelve a redescubrirse en el amor. “Ahora que ella no está, comprendo algo que no comprendí antes. Me pareció tan horrible que nos echaran del paraíso, pero eso no tenía ninguna importancia, porque donde quiera que estuviera Eva ahí estaba el paraíso”...